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¿El viaje o el destino?

¿Es el viaje o el destino lo que más importa en nuestro viaje hacia la iluminación?

¿Cúal de esas debe ser nuestra aspiración? ¿Es la olla de oro en el camino o el destino? ¿Es un hombre tonto el que se divierte en el viaje, no le pone atención a todo el destino importante, por lo que pierde su camino, o es la ilusión de pensar que incluso existe un destino?
Toda persona, poderosa o débil, en un punto u otro de su viaje se debatirá el significado de esas dos palabras.

Y así procedió…

Al principio sólo Dios existía.

Dios es todo.

“Existía” en un estado de ser. No existía ningun destino porque simplemente es una referencia hecha por el hombre que implica que algo existe “fuera del camino” de algo más, que no es el estado de Dios. No hay nada parte de Dios. Si no existe ese lugar para partirr, entonces no hay lugar a donde irse.

Asi que Dios era todo lo que existía. Pero deseaba conocerse a sí mismo. Y para conocerse a sí mismo, tuvo que crearse una referencia. Solo había una forma de resolver esa situación. Creó la ilusión de lo que no había. Asi que la ilusión de la separación fue creada. Luz y oscuridad, amor y odio, y bien y mal.

¿El viaje o el destino? Pero entonces Dios creó otra ilusión a un más grande de separación. Esos somos nosotros (mortales) de eso (Dios). Debido a esta ilusión de separación siempre hemos buscado a Dios, pero ya somos parte de Dios. Creemos que tenemos un gran viaje antes nosotros que nos llevará más cerca de el, pero ya estamos ahí. Es por eso que los niños, especialmente los bebés, están más en contacto con esto. Antes de que puedan aprender los caracteres del ego de sus padres (la ilusión de la separación), ellos piensan en una sola cosa y eso es el amor. El amor, que es lo que creó y propelo está proceso entero, es Dios. Conforme crecemos, nos acercamos a la gran ilusión de la separación, en toda forma. Nuestro viaje está ganando el conocimiento de que no estamos separados de nada, especialmente de Dios. Quizás quieras saltar a esto y decir  “¡ah, pero el destino es saber que somos Dios!” Pero recuerda que ahí es donde comenzó Dios. Ya sabia que era Dios.

Cada alma experimenta el viaje, en miniatura, a lo que Dios está haciendo. Experimentando una manifestación de su propia santidad. Nosotros, como el océano de Dios, empezamos como solo eso. Pero para crear la experiencia del mismo, creo el cielo y las nubes. El agua de los océanos se evapora para formar estás nubes con las que después serán bañados, con gotas de lluvia, los desiertos, bosques y praderas. ¿Por qué?

Porque para existir solamente en el mar infinito no era lo que él deseo. A pesar de que cada gota parece única, todavía asciende del mismo océano. Y cuando cae, experimenta algo totalmente único en comparación con la otra gota, ya que se perspectiva es única. Y mientras flota hacia la tierra, encuentra un río o arroyo que lo regresa al océano para comenzar de nuevo todo el proceso.

Fluir y refluir, es todo lo que hacemos. Incluso si alcanzamos la iluminación total y el reconocimiento de nuestra propia santidad, todavía deseamos olvidar todo y empezar de nuevo en un millón de vidas o a través de planos infinitos de existencia. El viaje es lo que buscamos. La ilusión es pensar de que existe un destino. Ya que ya estamos ahí. Existimos en un estado constante de creación y experiencia. La lección es que debemos amar cada momento, ya que esos momentos son la gran experiencia de quienes somos. Deja de buscar. Deja de buscar y solo sé. Tienes el resto de la eternidad para ser tú y experimentar a Dios.

Baudilio Sosa Mayonga