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Sopa de fideos para el desayuno: 4 cosas que cambiarán en tu vida con la paternidad

Para desayunar, sopa de fideos. Sebastián, mi hijo mayor tenía una serie de peticiones inusuales, que no absurdas. Le gustaba, como lo leyeron, desayunar sopa calientita en los días fríos de Guadalajara, que contrastaban con su cálido y natal Puerto Vallarta. Su hermana suscribía y yo, estrenándome como papá soltero, se los concedía.

A la vuelta del tiempo entiendo que hay dos cosas que no puedes perder de vista: no puedes cumplir todos los caprichos, pero algunos de esos caprichos resultan en excelentes ideas y memorables experiencias.

La paternidad es algo complicado, o tal vez no tanto pero así lo parece porque su discusión ha sido relegada para hacer prevalecer la de la maternidad.

A pesar de vivir en una sociedad que históricamente se define como patriarcal y en la que la figura del hombre y su voluntad rigen las decisiones de la familia, primero, y de la comunidad, después; la relación que los varones establecemos con nuestros hijos suele limitarse a la proveduría.

Hace unos días alguien me preguntaba que si los padres también cambiamos, como lo hacen las madres al nacimiento de sus hijos.

La respuesta es sí, aquí les presento algunas cosas que no vuelven a ser igual.

1. El embarazo nos infla

Durante el embarazo, sobre todo si eres muy besucón, es posible que experimentes náuseas, somnolencia y antojos, justo como ellas. Esto se debe al intercambio de hormonas a través de las secreciones como el sudor y la saliva.

Si esto te sucede ten cuidado porque, justo como ellas, comenzarás a engordar y engordar, por la cantidad de dulces y carbohidratos que las malditas hormonas le pedirán a tu cuerpo.

La gran diferencia es que ellas después de parir pierden una importante cantidad de ese peso y,  si bien su cuerpo no vuelve a ser el mismo, se recupera bastante pronto.

Nosotros en cambio tendremos que someternos a un estricto régimen y mucho ejercicio si queremos volver a ser los de antes.

2. Tú también desarrollas conexiones

Un amigo aseguraba que él quería desarrollar la misma conexión de la madre con el bebé, por eso, antes de darle el biberón, le ofrecía su propio pecho desnudo.

Por favor, no seas tan ingenuo. Así no logras nada más que incrementar el riesgo de que el bebé adquiera una infección. Las conexiones se establecen con el juego, la interactividad y la convivencia.

¿Quieres que tu hijo o hija te ame y se comunique contigo de una forma que no lo hace con nadie más? Es sencillo, dedícale tiempo, arrástrate con ellos por el suelo, juega, sé niño otra vez.

3. Nunca dormirás igual

Dicen que son las madres las que no vuelven a pegar el ojo cuando nacen los chiquillos. En cierta forma es así, pero eso no significa que los padres durmamos a pierna suelta.

Casi siempre, si es la madre la que se levanta al menor sonido durante las noches, entonces es el padre el que atiende los juegos madrugadores de los chamacos.

En mi caso, nunca he podido dormir de nuevo más allá de las nueve de la mañana, incluso con mis hijos grandes fuera de casa, o con el pequeño roncando hasta las 10:00 am. Hay que jugar, aunque sea con el celular, antes de tomar la primera taza de café para despertar.

4. Desayunarás sopa de fideos

Si eres el primero en despertarte, entonces muy seguramente tendrás a tu cargo el desayuno. Que no te sorprendan las peticiones más extrañas.

A partir de ahora desayunarás lo mismo sopa de fideos que hot cakes en forma de caricatura. ¡Disfrútalo, no dura toda la vida!

Roedor de Lencería