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La Marquesa: donde México peleó su Independencia y tú ni cuenta te diste

Unos tacos de cecina, el mejor caldo de hongos del mundo, las tradicionales quesadillas y hasta la pesca de trucha. La Marquesa es hoy por hoy uno de los rincones más visitados en México por su deliciosa gastronomía.

Lo que pocos saben es que aquí, en estas mismas montañas donde los paseantes hacen días de campo y conviven con la naturaleza, se encuentra uno de los sitios históricos más significativos de la Independencia de nuestro país.

La Batalla del Monte de las Cruces es trascendental porque se trata de una de las primeras grandes victorias del ejército Insurgente sobre las fuerzas realistas.

Y el escenario de las hostilidades no es otro que este lugar entre la Ciudad de México y Toluca, conocido popularmente como La Marquesa que en realidad lleva el nombre de  Parque Nacional Insurgente, en memoria de la victoria conseguida por Miguel Hidalgo e Ignacio Allende.

Todos conocemos la historia detrás de El Grito, en Dolores, que dio inicio a esta guerra el 16 de septiembre de 1910.

También de la gesta heroica de El Pipila para incendiar la puerta de la Alhóndiga de Granaditas y abrir el paso a los insurgentes para consumar la toma de Guanajuato apenas unos días después, el 28 de septiembre.

Las fuerzas al mando del cura Hidalgo siguieron avanzando hasta tomar Toluca un 25 de octubre.

Trujillo, que desconocía el estado de la fuerza de su enemigo, se estuvo a salto de mata entre Toluca, Lerdo y Cuajimalpa hasta tomar posiciones en el Monte de las Cruces, a donde Allende llegó con su caballería apenas media hora después.

Las fuerzas acamparon una frente a otra la noche del 29 de octubre de 1910, la misma en que Trujillo recibió un mensaje del virrey de la Nueva España, Francisco Xavier Venegas Saavedra.

“Trescientos años de triunfos y conquistas de las armas españolas en estas regiones nos contemplan... Vencer o morir es nuestra divisa. Si a usted le toca pagar ese precio en ese punto, tendrá la gloria de haberse anticipado a mí de pocas horas en consumar tan grato holocausto: yo no podré sobrevivir a la mengua de ser vencido por gente tan vil y fementida”, le espetaba el representante de la Corona española.

En la mañana del 30 de octubre, los insurgentes tomaron acción en base a una premisa: rodear al enemigo y atacar con gran rapidez para sorprender al enemigo. Era la única forma de ganar, dado que las improvisadas tropas independentistas eran aún desordenadas.

Un regimiento a cargo de Mariano Jiménez flanqueó a Trujillo y le cerró la retirada hacia Cuajimalpa, mientras una división bajo el mando de Mariano Abasolo, en avanzada, exploraba para conocer el estado de las fuerzas enemigas.

Para las ocho y media de la mañana, Trujillo había sonado tres descargas consecutivas de la fusilería que descomponen la columna de los insurgentes, pero estos alcanzaron a retomar posiciones.

Con el avance de las acciones, Hidalgo y Allende se dividen el mando de la reserva, Juan Aldama ataca al enemigo por la derecha comandando la caballería, mientras la infantería al mando de Narciso María de la Canal atacaba por el flanco izquierdo. Al frente, Abasolo encabezaba la batalla.

No pudieron resistir los realistas. Ni siquiera la valentía de Agustín de Iturbida, entonces todavía fiel a la Corona, cuyas tropas entablaron combate a bayoneta calada con los insurgentes, pudo frenar el triunfo.

Sin duda esta fue la primera gran victoria de los independentistas, pero también fue el preludio de su primera gran derrota, al decidir no entrar a la ciudad de México y ser sorprendidos por José María Callejas en Aculco.

Lo cierto, lo que de verdad importa, es que la próxima vez que visites La Marquesa, quizás en el Puente Patrio, recuerdes que aquí se derramó la sangre de valientes que buscaron construir un México libre y próspero para el futuro. 

Roedor de Lencería