Return to start

¿Cómo hacer hostias?

No hay ningún secreto, el pan de consagrar es la versión más rudimentaria y sencilla para hornear en la historia de la humanidad.

Quizás el único truco está en la mezcla de harinas que le da una textura crujiente y que ha hecho las delicias de chicos y grandes aún fuera de las iglesias.

La iglesia católica, cuya tradición llena de simbolismo y misterio es marca indeleble, eligió el más sencillo de todos los panes para que la encarnación de Dios se convierta en alimento del hombre.

La palabra hostia se deriva del latín “hostis”, que quiere decir enemigo en latín. De acuerdo con Ovidio, los cristianos la utilizaron debido a que en la antigüedad los hombres sacrificaban a sus enemigos, luego de vencidos, para obtener el favor de los Dioses.

Tal vez por eso su elaboración no siempre ha sido tan simple. San Epifanio relata, por ejemplo, que en algún tiempo la harina de trigo, el ingrediente principal, se mezclaba con carne molida de feto, o se amasaba con la sangre de un niño, para representar el sacrificio.

Lo cierto es que hoy en día, la receta es sencilla: hacer una masa con agua y una mezcla de harinas de distintos cereales como maíz, trigo y cebada, entre otros.

No más sal, ni levadura, ni condimentos. Para lograr que la masa tome una consistencia adecuada, se recomienda añadir el agua poco a poco.

Los primeros cristianos cocinaban esta masa poniendo láminas redondas de masa, torteadas a mano, sobre piedras o cenizas calientes. Se trataba de una cocción lenta que daba una textura crujiente al pan.

En la actualidad, hay que extender la masa con un rodillo, para formar una plancha delgada que se cocina al horno bajo una temperatura de 170 grados.

Una vez que se obtiene la lámina de pan crujiente, se utilizan moldes circulares de distintos tamaños para recortarla y conseguir la forma tradicional.

Roedor de Lencería