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Los cinco peores Papas de la historia

San Pedro, uno de los más notables y destacados discípulos de Jesús de Nazaret, es considerado el iniciador de la extensa y legendaria historia de la Iglesia Católica; a él se le atribuye también, ser el precursor del Papado. El propio San Pedro, fue el primer Sumo Pontífice, y desde la antigüedad hasta nuestros días, más de veinte siglos han pasado y doscientos sesenta y seis hombres se han relevado el digno cargo de ser la cabeza de la sacra Iglesia Católica.

Los historiadores y hagiólogos (estudiosos de la vida de los santos y los beatos) coinciden en que la historia del papado está signada por la leyenda, la gloria, la fe y la erudición; pero, también por los asesinatos, las conspiraciones, las guerras, los encubrimientos, la intriga y el pecado.

Esto quiere decir, que alguna vez, un Papa repartió entre los pobres la riqueza de su familia, y convirtió al catolicismo, cual sacerdote abnegado, varios pueblos paganos; pero otro Papa, violó peregrinas que visitaban la catedral de San Pedro y convirtió la antigua casa papal (El palacio de Letrán) en un burdel.

Hagamos pues, sin más preámbulos, un catálogo de los Papas menos virtuosos de los cuales se tenga registro:

Esteban VI (896-897): Protagonizó uno de los episodios más aberrantes de la Iglesia Católica, al que denominaron “El sínodo del cadáver”. Esteban ordenó desenterrar el cadáver de su antecesor, el Papa Formoso (891-896), le vistió con las ropas y ornamentos pontificios para posteriormente someterlo a un juicio.

En esta especie de puesta en escena macabra, al cuerpo en descomposición de Formoso se le cortaron los tres dedos de la mano derecha (Los dedos de la bendición), y luego sus restos fueron arrojados al río Tíber.

Indignados, los seguidores de Formoso, meses después, depusieron a Esteban VI, quien fue encarcelado y murió estrangulado.

Benedicto IX (1032-1044, 1045 y 1047-1048): El único hombre en ejercer el cargo de Papa durante tres periodos diferentes, se cree que la primera vez que asumió el papado fue a la edad de doce años.

En 1044, Benedicto vendió su papado por primera vez a cambio de una gran suma de dinero. Después, regresó en 1045 para derrocar a su sustituto y gobernar durante tan solo un mes, transcurrido este tiempo se fue de nuevo, posiblemente para casarse, y vendió el papado como en la primera ocasión. Algunos autores afirman que recibió más de 650 kilos de oro como pago por su cargo.

Dos años más tarde, Benedicto IX regresaba a Roma para ser nombrado Papa otra vez. En esta oportunidad duró un año más, hasta 1048. Poppo de Brixen, que luego se convertiría en el Papa Damasco II, finalmente, le obligó a huir de Roma.

El cardenal y contemporáneo suyo, San Pedro Damián, describió a Benedicto IX como “un festín de la inmoralidad ” y “un demonio del infierno disfrazado de sacerdote” en el Liber Gomorrhianus, un tratado sobre la corrupción de los pontificados.  

Julio III (1550-1555): Nombró cardenal a un analfabeto, joven y apuesto mendigo de diecisiete años al que vio peleando con un mono en las calles de Parma. No moderaba sus gastos cuando de organizar grandes fiestas orgiásticas o levantar pomposos palacios se trataba.

Uno de los participantes de esas orgías fue el arzobispo de Benevento, Giovanni Della Casa que le dedicó al Papa su libro titulado “In Laudem Sodomiae” (Elogio de la Sodomía).

Julio II (1503-1513): Mejor conocido como el “Papa Guerrero”, pues dirigía en batalla él mismo a los ejércitos pontificios en su intento de unificar Italia.

También fue el benefactor y protector de grandes artistas como Rafael, que pintó su primer retrato, y Miguel Ángel al que le encargó hacer los frescos del techo de la capilla Sixtina.

Frecuentaba contratar el servicio de trabajadores y trabajadoras sexuales de Roma, a este hecho se le imputa la razón de que fuera el primer Papa que contrajo sífilis, de hecho, el Viernes Santo del año 1508, no pudo permitir que los fieles le besaran los pies, como mandaba la tradición, por tenerlos completamente cubiertos de úlceras debido a esta enfermedad venérea.

Bonifacio VIII (1294-1303): Trascendió al paso de los siglos por la tristemente célebre frase que decía: “mantener relaciones sexuales con niños no era más pecaminoso que frotar una mano contra la otra”. Además, tuvo al mismo tiempo como amantes a una mujer casada y a la hija de ésta.

Fue el responsable de masacrar a la población entera de la ciudad italiana de Palestrina (1297).

Incluso, Dante, en la “Divina Comedia”, le reserva a este Papa un lugar en el octavo círculo del infierno.

Sergio Augusto Alvarez Vargas