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¿Qué hacer con una página en blanco?

¿Así que tienes una grandiosa idea para un libro, pero por alguna razón no te encuentras escribiendo tanto como te gustaría? En ocasiones, lograr poner nuestros pensamientos en una hoja, suele ser uno de los retos más desafiantes para cualquier escritor, especialmente cuando no sabe por dónde empezar. Ese bloqueo que todo escritor enfrenta no discrimina en lo absoluto. Pero si hay algo que me he dado cuenta platicando con otros escritores es que no es tanto el bloqueo sino lo que el escritor decide hacer con ello. El síndrome de la página en blanco es para el escritor la mejor oportunidad que se le puede presentar porque es ahí cuando puede tomar la decisión de enfrentarse a ello, y crear aquel pensamiento. Transformar la esencia en materia.

En varias ocasiones en mi vida, había pensado que quizá no estaba produciendo tanto como me gustaría, y es cuando decidí tomar algunas acciones. A continuación, les compartiré algunos consejos para poder ponerle un fin a ese bloqueo que se nos puede presentar. Estos son tres consejos que considero más importantes y en lo particular a mí me han ayudado bastante.

SÓLO ESCRIBE

La página en blanco. ¿Has escuchado aquella frase en la que dice que el mundo es lo que nosotros hagamos de él? Aquí ocurre lo mismo. Sólo hay dos formas de ver esta situación; la hoja en blanco puede ser un total desastre porque no sabemos qué plasmaremos ahí, y no sabemos cómo empezar, pero ¿qué tal si lo vemos desde otra perspectiva? Una hoja en blanco es una oportunidad para crear. El temor de algunos escritores, y me incluyo porque al principio me ocurría la misma situación, es querer escribir, editar y publicar todo al mismo tiempo. Antes de haber escrito algo en nuestra mente queremos editarlo y hacerle cambios y esto nos limita de cierta forma. Escribir es todo un proceso, antes de poder editar necesitamos tener material para trabajar. Escribe, y no te detengas. Escribe todas tus ideas y después puedes editar acomodando todas esas ideas que has logrado rescatar. Algo que a mí me ha ayudado bastante es tener un diario en el que puedas anotar tus pensamientos, y te darás cuenta que al hacerlo tendrás una fuente de ideas para futuros escritos que quieras realizar.

EL HÁBITO DE ESCRIBIR

Sé que esto puede ser lo que más se nos complica en ocasiones. A veces nuestras actividades durante el día pueden hacerlo un poco difícil, pero una vez que hayamos realizado un horario para escribir, sólo es cuestión de seguirlo. Ahora, no se trata de qué tanto se escriba, sino que sea una actividad diaria. Puede ser que escribas entre unas 500 a 1000 palabras al día si es que no tienes el hábito de hacerlo. Recuerda lo que estamos buscando es crear un hábito, busca un momento de tu día. En lo particular, selecciono escribir un poco al despertar. Nada como iniciar el día sabiendo que lo has empezado de manera productiva y que has creado algo.

SABER CUÁNDO DETENERSE

Ahora, como en todas las actividades, saber cuándo retirarse y decir que has terminado por el día de hoy es fundamental. Cuando nuestra mente ya no dé para más, pongámoslo a un lado, de nada sirve escribir si sabes que quizá no estás dando lo mejor de ti. Sólo descansa, y le continuas al siguiente día.

Antes de iniciar en la escritura debemos no ser tan duros con nosotros mismos. A veces me ha pasado que quiero escribir algo, pero antes de haberlo escrito ya lo había criticado queriendo realizar un trabajo excelente. Date la oportunidad de crear, y claro durante nuestra aventura entre letras, veremos que a veces escribimos un texto con el cual no estamos completamente satisfechos, pero es ahí donde entra la edición. Permitámonos crear sin juzgar antes de ver nuestras creaciones, y disfruta de tus momentos de escritura.  

Abraham Aragón

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