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¿Cómo serán los conciertos dentro de cien años?

Con las mejores galas y a la espera de conseguir un bello baile, así eran los conciertos de música ‘no clásica’ en la segunda década del siglo veinte. Si nos ponemos a pensar en cómo han cambiado los conciertos a lo largo del siglo pasado, nos daremos cuenta de que, prácticamente, sólo hay dos elementos que han permanecido intactos hasta ahora: la música y la convivencia social.

No sería de extrañar que la gente de principios del siglo pasado nos dijera “oye, estás loco” al saber los motivos por los que vamos a un concierto de proporciones masivas pues en su momento los conciertos musicales eran, en su mayoría, más un evento que enmarcaba al baile, que era la atracción principal, y cuyos objetivos tenían más que ver con la interacción humana y no con el esparcimiento y la diversión. Ahora nos toca pensar a nosotros ¿qué pasará en el futuro con los conciertos? ¿Serán igual que ahora?, ¿mantendrán el mismo propósito?, ¿se ayudarán cada vez más de la tecnología o habrá una ola retro que opte por la música acústica?

La verdad de cómo serán los conciertos en cien años es una incógnita y, a menos de que alguien viaje en el tiempo, seguirá siéndolo, pero vale la pena aventurarse y lanzar algunas propuestas sobre el tema. Personalmente, creo que es posible que los conciertos evolucionen en dos grandes vertientes dependiendo de la proporción de espectadores.

En el caso de los conciertos masivos, creo que la tecnología tomará cada vez más parte en ellos ya que actualmente el uso de drones, reflectores, pantallas y muchos efectos especiales, incluidos los fuegos artificiales, domina este tipo de conciertos. Estar enfrente de muchas pantallas alineadas o apiladas es usual para nosotros en este tipo de presentaciones musicales por lo que en el futuro no sería extraño que los conciertos masivos hicieran uso de la realidad virtual o que utilizaran trajes o sensores para aumentar la experiencia acústica, abriendo incluso la oportunidad a gente sordomuda o con debilidad visual que ahora no suele acostumbrar asistir a estos eventos.

No sería raro que comenzar a hacer una clasificación entre los espectadores que quieren acercarse a la experiencia de manera directa y los que prefieren hacerlo con tecnología. La nueva clasificación de los boletos sería: pista, sala de realidad aumentada, balcones con incremento de la sensación acústica y las secciones incluyentes (una hecha especialmente para los sordomudos con trajes que les permitan sentir las vibraciones de la música, otra para gente con debilidad visual, etc). La inclusión en los conciertos en el futuro en mi mente es una realidad y el uso de la tecnología en los conciertos masivos es indispensable.

Y qué decir de las estrellas virtuales. En Japón ya andan pensando en conciertos de vocaloids, que seguramente ofrecerán conciertos a sus fans. Además, no dudo que habrá un gran boom de proyecciones de los artistas favoritos del siglo pasado que ya fallecieron. No faltarán las personas que paguen por ver un holograma de Elvis o al cuarteto de Liverpool, más sobre todo si los procesos e instrumentos de realidad aumentada mejoran. Todo esto sin pensar en que también la industria de los androides va mejorando y seguro que invertir en la creación de androides similares a las grandes estrellas traerá muy buenos rendimientos económicos.

El segundo grupo creo que será minoritario pero igual continuará. Músicos y audiencias, que preferirán mantener las cosas simples y que, justo como sucede ahora en algunos locales pequeños, seguirá prefiriendo la asistencia a pequeñas salas de conciertos en las que no quepan más de 150 almas. Lugares de buena o mala reputación donde los músicos no necesiten más que unos pequeños amplificadores, un par de micrófonos e instrumentos acústicos para crear la magia.

Elisa E.