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¿Por qué los amigos son importantes?

Esta pregunta podrá parecer sencilla y vaga, pero la verdad es que esconde una reflexión sobre la que vale la pena profundizar, sobre todo ahora en tiempos posmodernos donde la inestabilidad, la híper-conectividad y la incertidumbre están a la vuelta de la esquina. Por ello, a continuación vamos a desglosar un par de razones válidas por las que vale la pena dedicarle un tiempo de la agenda semanal a la amistad.

No es un secreto que hoy en día vivimos en un mundo globalizado e híper-conectado, lleno de hechos noticiosos abrumantes que no pocas veces nos hacen pensar que el mundo pronto se va a desmoronar. A la par de esto, nos encontramos en un escenario socio-digital donde nuestra vida está repleta de supuestas “relaciones amistosas” virtuales, cuya presencia en la pantalla en realidad nos hacen sentir más solos que nunca.

A pesar de contar con la tecnología mediática para comunicarnos de manera instantánea con tanto aparente “amigo”, muchas veces terminamos aislados en una habitación, mirando una tras otra las novedades que Facebook nos va arrojando en el eterno muro de noticias de la red social más popular a nivel global. Nos sentimos entonces angustiados por tener tanta tecnología a nuestra disposición, pero tanta soledad y vacío por dentro.

Facebook suele vendernos la idea de que somos “populares” —y con ello “queridos” y “apreciados” por todos nuestros contactos—, pero eso no es más que una falacia que nació junto con el auge de las redes sociales y las nuevas tecnologías de la información y la comunicación.

Es aquí cuando los vínculos sociales sólidos y auténticos cobran suma importancia. Por más centenas de amigos que podamos llegar a acumular en Facebook, los verdaderos amigos son los únicos que siempre estarán ahí para nosotros, listos para escuchar nuestras penas en momentos de mayor dolor y brindarnos compañía cuando la soledad parece infranqueable. Así, la verdad que se oculta detrás de la gran inmensidad de amistades virtuales, es que a las amistades leales, fieles y duraderas podemos contarlas sólo con los dedos de las manos (aunque a veces también son necesarios los dedos de los pies).

Dentro de todo este panorama también es importante considerar que el mundo contemporáneo está cambiando a una velocidad increíble, donde es muy difícil (sino imposible) saber si mañana habrá una nueva crisis económica, o si el próximo mes nos quedaremos sin empleo. En estos tiempos de sobre explotación laboral, neoliberalismo abusivo, gobiernos vendidos y corruptos, la estabilidad laboral y la seguridad social y económica cada vez parecen garantías lejanas de la antigüedad.

Este escenario suele obligar a muchos a cambiar de empleo (ya sea por necesidad, por perseguir mayores ingresos, o sueños de éxito financiero), y con ello, a mudarnos de los lugares donde hemos crecido y cultivado nuestras mejores amistades. Al paradigma laboral neoliberal de la posmodernidad capitalista no le agrada la idea de que el individuo se sienta satisfecho con tener buenas amistades, ni que se conforme con estar rodeado de sus vínculos sociales.

No, el mercado quiere que las masas se sientan vacías y solitarias, para que en un intento vago por ocultar esa realidad consuman desenfrenadamente los productos inútiles que producen las trasnacionales. Eso quiere el capital, que las personas estén solas en una habitación mientras miran la televisión, y lo que éste más teme es que los sujetos salgan afuera y construyan lazos afectivos con su comunidad y sus vecinos. ¿Por qué? Porque no hay nada que el mercado odie más que a una sociedad civil organizada, que exija mejores derechos y menos abusos de las empresas privadas. 

Es por ello que debemos siempre estar conscientes de la importancia de mantener a nuestros seres queridos —y en especial, a nuestros amigos— cerca de nosotros. Esas personas siempre nos querrán tal como somos, pobres o ricos, “fracasados” o “exitosos”, sanos o enfermos. Además, no hay mejor compañía que sepa cómo sacarnos una carcajada, no hay persona en quien podamos confiar más que en una buena amistad. Y claro, nadie como los amigos para beberse una cerveza bien fría, reflexionar sobre la vida, discutir de política, desnudar el alma, abrir el corazón, cantar rolas de Juan Gabriel, compartir las penas y llenarnos de amor humano y buen humor, tan necesario e indispensable en los tiempos modernos de la era digital, donde, tristemente, proliferan tanto los amigos falsos que sólo sirven para darnos like y hacernos creer que le importamos mucho a medio mundo. 

Dogo Filósofo