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3 álbumes esenciales para jazzear este mes

En este mundo de ritmos acelerados, donde caminamos más inspirados por el punchis-punchis y los tambores batientes de la música electrónica, todavía coexistimos seres de almas abrumadas que preferimos el jazz y su desorden armonioso para aligerar nuestras vidas.

A mí, en particular, la síncopa musical me atrae tanto como las historias que se tejen en cada una de las piezas que este ritmo ha visto nacer.

Esta por ejemplo ‘Blues in The Night’, esa famosísima tonada que acompaña a las desnudistas desde hace años y que se ha convertido en el himno de la sensualidad.

Apenas escuchar sus notas enciende el líbido de los ingenuos que no conocen la letra que le acompaña: “mi madre me dijo/el hombre habla dulce y mira atento/pero cuando acaba el cortejo/el hombre es dos caras, un objeto de preocupación/que te dejará cantando el blues de la noche”.

Estoy seguro de que Harold Arden, al componer la música para las letras de Johnny Mercer, no imaginaba que iba torcer las recomendaciones pudorosas de una madre hacia un momento de total sensualidad.

Así es el jazz.

Por lo pronto, aquí te dejamos nuestros 3 álbumes imprescindibles para tamborilear los dedos en este mes:

1. Take Me to the Alley (Gregory Porter, 2015)

Cuando Gregory Porter se cala su ‘jazz hat’, se acerca al piano y se detiene a un lado de Chip Crawford con el porte de un cantante de los años 50, sabes que algo extraordinario está por pasar.

Porter entonces hecha el torso hacia delante con gallardía y da un paso al frente –como cuando un matador reta al toro— y luego entona una pieza que te absorbe.

Lo mejor de todo esto es que no se requiere estar en un teatro o un hoyo funky para experimentar todas estas sensaciones: basta descargarse el álbum, colocarse los audífonos y despegar.

2. Interlude (Jamie Cullum, 2014)

Cuando escuché por primera vez a Jamie Cullum, allá por 2006 cuando todavía uno recurría a las tiendas de música especializadas para buscar rarezas, su sonoridad me puso a bailar. El jazz había rejuvenecido.

El músico inglés había logrado dar nueva vida a un género rico y diverso, pero que, poco a poco, había cedido sus espacios al pop. La música de Cullum no era pop, era puro jazz, pero también te ponía a bailar.

En Interlude, su más reciente álbum, Cullum nos demuestra que junto con él llegó y se quedó una nueva generación de jazzeros –pues se incluyen duetos con Porter y Laura Mvula— que mantienen con vida este género y que pueden hacer sonar refrescante el sonido de piezas que ya habían interpretado grandes, como Dizzy Gillespie, Ray Charles, John Coltrane, Billie Holiday, Nat King Cole, Sarah Vaughn y Doris Day, entre muchos otros.

3. The Very Best of Fats Waller (Fats Waller, 2000)

No hay nada que describa mejor el término “rhythm and blues” que la música de este pianista gordinflón, padre de todos los humoristas de los años 20.

Así que tampoco puede haber algo mejor para comenzar el día y sonreír que zambullirse en su música desde temprano, e ir despertando con las alegres notas de piezas como “All that meat and no potatoes”, “Ain’t misbehavin’”, “Alligator crawl” o “The joint is jumpin’”.

Sí, es cierto, es un brinco anacrónico comparado con las dos recomendaciones anteriores. Pero, caray, de eso se trata el jazz. 

Roedor de Lencería