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El carácter socioeconómico del racismo

La Convención sobre Discriminación Racial dice que se entiende como discriminación a “toda distinción, exclusión, restricción o preferencia basada en motivos de raza, color, linaje o menoscabar el reconocimiento, goce o ejercicio, en condiciones de igualdad, de los derechos humanos y libertades fundamentales en las esferas política, económica, social, cultural o en cualquier esfera de la vida pública”.

La discriminación es un fenómeno instintivo que posee un fuerte componente irracional.

¿Y de dónde proviene tal irracionalidad?

El Coloquio de Atenas intentó dar una explicación socioeconómica al fenómeno del racismo, implicando la imposibilidad de que se debiera a una relación superioridad-inferioridad entre razas, sino que el hombre se ha desarrollado de tal manera que se adapta y transforma los medios ecológicos de acuerdo a sus necesidades. Sin embargo, la pluralidad de culturas y razas ha llevado a ciertos grupos a cometer discriminación con el fin de afianzar su poder económico y político. El apartheid y el genocidio son dos ejemplos del racismo llevado al extremo.

A este análisis habría que sumar dos aspectos importantísimos dentro de la economía: mercado y democracia. El mundo del consumo.

Las contradicciones que surgen entre mercado y democracia indudablemente afectan de manera negativa a la igualdad y libertad de las personas. Esto hace que en una ‘sociedad de mercado’, muchos individuos queden excluidos de la educación y de necesidades humanas básicas. Y es aquí donde entra en contradicción con la democracia, basada en el ideal de igualdad de derechos.

Nos encontramos con dos éticas totalmente opuestas: la ética del mercado y la ética de los derechos humanos.

La verdadera crisis del Estado de Bienestar se relaciona con los derechos humanos, con esta situación de racismo contra migrantes, mujeres, pueblos originarios, gente de la tercera edad y discapacitados. 

No podemos parar un mundo globalizado pero sí podemos consumir responsablemente. Sí podemos enseñar tolerancia a nuestros niños. Sí podemos ser empáticos con el vecino más allá de cualquier frontera política. Porque no es la violencia política la que más afecta a un individuo. La peor forma de racismo violento proviene de la sociedad: del vecino, del primo, del amigo, del conocido.

Así que hagamos una reflexión: ¿qué tanto discriminamos en nuestra vida diaria? Al ‘marica’. A la ‘machorra’. Al ‘tarado’. A la ‘vieja loca’. Al policía ‘ratero’. Al viejito cascarrabias. Al ‘indio’ que no sabe vestir. Al ‘naco’ que no sabe manejar.

¿En realidad somos empáticos con nuestro entorno? 

“La biología no condena a la humanidad a hacer la guerra. La guerra y la paz se originan en la mente de los hombres.”

-Johan Galtuny-

 

Angie Tovar

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