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Lluvia e Incertidumbre (Parte 1)

La detective Mónica se encontraba en su oficina de crímenes especiales. Llevaba más de seis horas en su prisión de madera y computadoras. El sofocante cristal se robaba su alma con el reflejo constante, una imagen que esquivaba sus ojos. Después de un rato, Mónica había optado por dejar su cómoda silla, tirarse en el suelo y liberarse de aquellas pesadas botas negras que le recordaban el chasquido de la milicia, “¡Si no llueve no es entrenamiento!”.

En sus manos sostenía un fusil con el que le habían amenazado de muerte hacía apenas unas horas. Observaba con detenimiento cada rasgo del arma. Sin percatarse de ello, sus dedos se encontraron con el gatillo y lo acarició lentamente, como si se tratase de un amuleto siniestro que le llamaba a quebrar su respiración. Lentamente se veía atrapada por la textura de aquel instrumento de destrucción; y entonces se percató ¿Cuántas vidas habrán desaparecido de la existencia por este borrador?

Gradualmente se vio rota su concentración en dicho objeto, pues escuchó los lejanos ecos que producían las botas de su compañero, Viktor. Éste no tardó en entrar a la oficina apresurado, derrumbando un montón de papeles que habían ordenado juntos la noche anterior. El detective fijó por unos instantes su mirada sorprendida en los papeles. Su rostro entrenaba a manera de tic su reacción al escuchar los gritos de Mónica en su cabeza, pero sólo recibió silencio como respuesta.

-Me preguntaba dónde estabas - dijo Viktor fingiendo demencia pateando la puerta para cerrar la oficina.

-Le debiste preguntar a Marcoh - replicó con una sonrisa quebrada sin voltear a verle.

-Él respeta tu privacidad. - Sacó una caja de cigarrillos, pero sólo tomó uno. -No como yo – agregó, admirando el exquisito manjar que sostenía con sus dedos. -Tómale una foto, mañana tienes que entregar el fusil junto con el reporte. De lo contrario te quedaras ciega. – Viktor encendió su cigarro con sutileza y se lo llevó a la boca cerrando sus ojos.

-Esta cosa dispara hasta 6,000 municiones por minuto, ninguna bala me dio. - Mónica dejo reposar el arma delicadamente en el suelo y dirigió su mirada a Viktor- ¿Alguna vez has sentido miedo a, tú sabes, morir? – Alejó el fusil con sutileza dándole un empujón; el choque del metal con la cerámica producía pequeñas raspaduras que se filtraban en Mónica. Ella se estremeció varias veces hasta que el objeto dejó de moverse por el suelo.

Viktor aspiró humo con gran satisfacción e inclinando la cabeza, exhaló con lentitud. Después, casi mecánicamente, buscó lugar moviendo un archivero y se sentó junto a ella. -Tú primero. – dijo sonriendo ante la ironía de que al día siguiente tendría que enfocarse a recoger el tiradero de hojas.

- Me propuse a traer justicia a este mundo al ver a mi madre desvanecerse frente a mí. Pero ahora sólo estoy en un espacio pequeño haciendo papeleo, asfixiada por el problema de que, al salir de aquí, me encuentro con gente que ha olvidado sus sueños por completo, viviendo inconscientes de que necesitan ser salvadas de su monotonía. 

La detective tomó frenéticamente una hoja y la comprimió con sus manos, hasta quedar una esfera llena de bordes e irregularidades. La aplastó con más fuerza y la lanzó contra la ventana.

Continuará...

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