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Cómo preocuparte por nada en tan sólo ocho pasos

Elige algo estúpido porque preocuparte

En vez de concentrarte en cosas prácticas de tu vida, deja que tu mente divague. Permite que tus pensamientos lleguen a ti en una rapida sucesión hasta que encuentres una preocupación que sea lo suficientemente posible como para que te consuma a ti y a tu futuro. Tu novio está actuando extrañamente, quizás ya no te ama. Esa peca en tu manos parece rara ¿será cáncer? Si algo pasa por tu mente que te hace sentir como si tu corazón fuera aplastado por una tonelada de rocas mientras flota en el vacío, entonces sabrás que ya encontraste el pensamiento paranoico y estúpido perfecto para ti. Si nada te llega de inmediato, sigue buscando. Recuerda: Si te esfuerzas lo suficiente en tu búsqueda, siempre encontrarás algo para estresarte tontamente.

Concentra toda tu energía en el estrés

Ahora que ya sabes porque te estas preocupando, es momento de dejar todo salir. No pienses en nada más. Permite que tus pensamiento llenen tanto tu mente que eventualmente tengan que pasarse de tu cerebro a tu estómago. Deja que tus preocupaciones se agrupen en una bolita que te apuñale las tripas y te mantenga consciente de tu estrés en un nivel visceral, incluso en los pequeños momentos en los que puedas distraer tu cerebro con otros pensamientos. Deja que tus preocupaciones sin pies ni cabeza tomen todo lo que quieran de tu vida. Cuando tus amigos te pregunten qué pasa, mienteles y diles que estás bien para que no se den cuenta de que tan loco estás, a pesar de saber que hablar sobre ello quizás te haga sentir mejor. Cuando alcances el punto en el que tu preocupación se sienta como lo más importante de tu vida sabrás que lo has hecho bien.

Recuérdate a ti mismo que quizás perdiste la cabeza

Cuando el estrés sea demasiado, recuérdate que estás loco. Piensa en todas las veces en las que te preocupaste por nada en el pasado y en qué tonto te parece ahora que lo ves en retroceso. Dejate sentirte bien por un segundo.

De verdad cuestiona tu sanidad

Después de tu segundo de descanso de la ansiedad, permite que tu mente piense en todas las posibles razones por las que deberías volverte a preocupar. Osea, seguro, en el pasado ninguna de tus preocupaciones alguna vez tuvieron una base real pero ¿quién te dice que ahora es diferente? ¿que tal si esta es la buena? Repite los pasos 3 y 4 alternadamente hasta que tu mente esté trabada con tantas capas de pensamientos que genuinamente ya ni sepas que creer. Abraza una almohada y mira Netflix con la esperanza de distraerte lo suficiente como para sentirte bien de nuevo.

Contempla hacer algo al respecto

Ahora que tu preocupación está oficialmente fuera de control, toma la decisión de finalmente confrontarla. ¿Todavía te preocupa tu novio? Contempla sentarte con él y tener una conversación profunda sobre su relación. ¿Parece más grande esa peca? Busca en Google dermatólogos que te puedan dar una diagnosis conclusiva. Cuando ya tengas listo tu plan de ataque, ignoralo instantáneamente. Recuerda: hacer algo de verdad para confrontar tu preocupación le da legitimidad a tu preocupación y lo único peor que tener pensamientos paranoicos es saber que de hecho hay algo cierto en ellos. Decide que es mejor guardartelo para ti mismo.

Aprende a vivir con ello

Ahora que sabes que no haras nada para ayudarte, hazte bolita y espera a que se te pase. Acepta que es una parte de la vida y cargala contigo hasta que se asiente muy hasta atrás de tu mente. Puede tardar un poco, pero con el tiempo tus preocupaciones se volverán cosa del pasado. Esto es porque eventualmente encontrarás una nueva y estúpida preocupación con la que entretenerte y así ya no tendrás tiempo para la antigua. Repite el paso 1.

Baudilio Sosa Mayonga